27/12/09

No seré la primera en escribir a cerca de los ojos (ni en general, y seguramente tampoco de los tuyos en particular). A cerca de lo que tienen, lo que generan las miradas. No me gusta caer en lugares comunes, pero hoy no tengo alternativa. El recuerdo de tus ojos miel me persigue, me encierra en él. Si, lo sé. Tal vez estoy magnificando algo simple, cotidiano...¿y por qué no pensar que es esa cotidianeidad la que me falta? La que extraño….Ciertamente no te encontré en una fiesta de casamiento o en un peregrinaje a Lujan, nos conocimos precisamente ejerciendo la rutina. Practicando fútbol, vos, con mis amigas, yo. La cumbre de lo cotidiano. ¿Sería extraño sentir nostalgia, ahora, al final?
Las cosas no podían terminar de otra manera. Yo soy la regla, no la excepción. Vos y tus ojos vuelven a la cama cada día (cada noche), y yo me quedo sola pensando en tu mirada, en tus frases tímidas….¿Cuantos tipos como vos terminan con minas como yo? Las cosas no podían terminar de otra manera.
Sos una incógnita. Una variable a despejar. Hay un abismo entre nosotros.
No es el hecho de que seas mujeriego. Es decir, no es la existencia de una chica. No tendría problemas en efectuar el rol de amante si me lo pidieras. Pero no puedo dejar de pensar en que sos un pendejo, un chico.
Pero a mi no me vas a engañar. No podes. Me miras, yo te ví mirarme... Y cuando cruzamos la mirada, cuando nuestros ojos se encuentran, los dos corremos la cabeza. Avergonzados. ¿Te traiciona el inconciente, el deseo tal vez? Porque yo, lo hago de puro cobarde….¿Y a vos? ¿A vos qué te pasa? ¿Te gusto? ¿Te llamo la atención? O tal vez es solo una idea mía….es decir, tal vez miras a todas con la misma intensidad…no lo sé.
¿Que pasa con nuestra historia ahora? ¿Nada? ¿No hay “nuestra historia”? Y no es que le tenga miedo a la humillación….solo me pregunto si estamos predestinados a encontrarnos, ¿sabes? Porque si fuera así, debería esperar y dejar que el tiempo nos vuelva a juntar. No sé.
Son tus ojos. Tus ojos miel, tu pelo castaño. Tus modos, tan despreocupados, tan masculinamente simples. Me enternece que no sepas el efecto que causas entre nosotras, que no tomes en cuenta el poder que tenés. Pero sobre todo, no me puedo olvidar de tu cara y tus ojos tímidos y de tu voz chillona. Y me pones en jaque, porque no sé qué responder…trato de enfrentarte, de mostrarte mi entereza, pero me muero de vergüenza.
No quiero olvidarte, no quiero que seas un recuerdo-

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