16/1/10

Volvía hoy de la casa de una amiga. Caminaba por la vereda, de la mano impar creo. Hay un barsucho con dudosa reputación entre unas calles que no se el nombre. Caminaba, dije. Estaba ocupada en mis asuntos, minding my own business pero igual, ya casi por costumbre al ver uno, dos o más tipos parados en la calle, se encendió, costumbrísticamente, una alerta de danger. Muy argentino. Es que si no te violan, te afanan, y sino te tiran una asquerosidad impresentable. Hay que estar atenta.
Erguida, segura, superada, camino agarrada de mi cartera, paso cerca de los muchachos como quien no quiere la cosa, sin desviar mi camino. Y entonces, escucho que uno de los dos, con una voz melodiosa, me dice:
"Si, ya sé, te lo dijeron todo el día, ¿no?". Aminoré el paso, relajé la espalda. No solo no me lo habían dicho todo el día, sino que no me lo habían dicho en toda la semana, en todo el mes.
Me di vuelta. Caminé despacio hasta él y sin dudarlo, me escuché decirle: "Ailín, ¿y vos?".

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